domingo, 26 de noviembre de 2006

Mi mar


Te me acercas contándome al oído milagros de miles de leyendas que quedaron entre tus aguas.
Me salpicas con espumas inundadas de misterios
de otros tiempos y distancias, con lamentos de promesas
que perdieron sus palabras en tus bajamares intensos...

Y yo me acerco y te salpico sabiéndome tan pequeña,
tan desconsoladamente chica, tan sola entre mil gentes
que me apabullan tus mareas, tus olas y tus resacas.

Me acaricias con tu cuerpo revoltoso cubriéndome de algas o de pececillos despistados que resbalan entre mis dedos como tu espuma blanca, como el canto melifluo y sincopado de tus risas y de tus quejas.

Me sumerjo en ti y me mandas tu mensaje de caracolas lejanas,
o me golpeas duramente con tus olas zarandeando mis silencios
que quieren esconderse del otro lado del inicio del levante.

Escúchame mar: ahora me voy. Me voy pero no te dejo porque es imposible dejar el corazón
y llevarse tan solo el cuerpo...

Me voy hacia tierra adentro pero llevo pegado a los costados todo tu mundo abierto de promesas que has dejado colgadas de mi alma mensajera.

Y llevo tu magia y tus misterios, tus colores y el ronroneo incesante de la música de tu cuerpo
cuando choca con el aire o cuando besa las arenas soñadoras de las playas recelosas. Y llevo, sobre todo y más que nada, llevo todas tus promesas y todos tus silencios...

Te llevo, mi mar,
hacia donde la tierra
huele y sabe a materia prometida
donde el viento choca con las rocas
y el agua no tiene salitre
ni peces, ni algas, ni cangrejos...

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