
Te me acercas contándome al oído milagros de miles de leyendas que quedaron entre tus aguas.
Me salpicas con espumas inundadas de misterios
de otros tiempos y distancias, con lamentos de promesas
que perdieron sus palabras en tus bajamares intensos...
Me salpicas con espumas inundadas de misterios
de otros tiempos y distancias, con lamentos de promesas
que perdieron sus palabras en tus bajamares intensos...
Y yo me acerco y te salpico sabiéndome tan pequeña,
tan desconsoladamente chica, tan sola entre mil gentes
que me apabullan tus mareas, tus olas y tus resacas.
tan desconsoladamente chica, tan sola entre mil gentes
que me apabullan tus mareas, tus olas y tus resacas.
Me acaricias con tu cuerpo revoltoso cubriéndome de algas o de pececillos despistados que resbalan entre mis dedos como tu espuma blanca, como el canto melifluo y sincopado de tus risas y de tus quejas.
Me sumerjo en ti y me mandas tu mensaje de caracolas lejanas,
o me golpeas duramente con tus olas zarandeando mis silencios
que quieren esconderse del otro lado del inicio del levante.
Me sumerjo en ti y me mandas tu mensaje de caracolas lejanas,
o me golpeas duramente con tus olas zarandeando mis silencios
que quieren esconderse del otro lado del inicio del levante.
Escúchame mar: ahora me voy. Me voy pero no te dejo porque es imposible dejar el corazón
y llevarse tan solo el cuerpo...
Me voy hacia tierra adentro pero llevo pegado a los costados todo tu mundo abierto de promesas que has dejado colgadas de mi alma mensajera.
Y llevo tu magia y tus misterios, tus colores y el ronroneo incesante de la música de tu cuerpo
cuando choca con el aire o cuando besa las arenas soñadoras de las playas recelosas. Y llevo, sobre todo y más que nada, llevo todas tus promesas y todos tus silencios...
Te llevo, mi mar,
hacia donde la tierra
huele y sabe a materia prometida
donde el viento choca con las rocas
y el agua no tiene salitre
ni peces, ni algas, ni cangrejos...
y llevarse tan solo el cuerpo...
Me voy hacia tierra adentro pero llevo pegado a los costados todo tu mundo abierto de promesas que has dejado colgadas de mi alma mensajera.
Y llevo tu magia y tus misterios, tus colores y el ronroneo incesante de la música de tu cuerpo
cuando choca con el aire o cuando besa las arenas soñadoras de las playas recelosas. Y llevo, sobre todo y más que nada, llevo todas tus promesas y todos tus silencios...
Te llevo, mi mar,
hacia donde la tierra
huele y sabe a materia prometida
donde el viento choca con las rocas
y el agua no tiene salitre
ni peces, ni algas, ni cangrejos...
